3/8/16

¿Te atreves a abrazar?

Cuando damos un abrazo, cuando abrazamos, solemos hacerlo empleando únicamente una reducida parte de nosotros, de nuestro cuerpo.
Algunas veces abrazamos de lejos, con palmaditas en los hombros u omóplatos (si llegamos). Otras veces, más osados, involucramos los brazos completos y parte de los hombros. En orden ascendente vamos incluyendo el cuello, tal vez el rostro y la cabeza. Un poco más y llegamos al pecho (acá es donde se acercan los corazones, donde casi se tocan: se huelen, se escuchan, se auscultan, se palpitan, se guiñan un ojo, se sonrojan, se agradecen).
En algunas ocasiones o contextos “permitidos” (por nosotros mismos), el abrazo puede continuar hasta incluir el abdomen en el contacto físico. Incluso más: la pelvis. Y más aún: los genitales. Finalmente los muslos y rodillas se tocan.

Más allá de eso no he experimentado un abrazo en forma vertical, parado. Ya me comienza a flaquear el equilibrio y mi propia capacidad de sentir el abrazo más que el temor a caer o la sensación de irme de mi centro (en sentido amplio).

Proporcional a la superficie de contacto (y a la par, la sensación de contacto interna, de abrazo desde adentro) está la duración del abrazo. Aquí ya no abrazamos con los brazos, sino con todo el cuerpo, incluso con los órganos internos también abrazamos: con el corazón, con el hígado, con las tripas.

Un abrazo completo me produce una sensación de placer, reductora de ansiedades, de pérdida de la noción del tiempo, de acompañamiento y acompasamiento con el otro, con su latir, con su respiración, con su campo energético. A veces surge en mí la sensualidad y el erotismo, a veces paz, calma, relajación.

Tantos tabúes y miedos detrás de un no-abrazo: si toco aquella parte, si rozo con esta parte de mi cuerpo, si el otro piensa que yo pienso que estoy intentando… y así nos perdemos la oportunidad de abrazar completamente, y de vivir todo aquello que sucede en este encuentro completo con el otro.

Quien haya hecho algún proceso terapéutico corporal, o experimento vincular más allá de los límites sociales y culturales actuales, podrá reconocer diferentes niveles de involucrar y sentir el cuerpo.

Ahora va de nuevo la pregunta: ¿te atreves a abrazar?

28/7/16

La vida puede ser

La vida puede ser sufrimiento
y
La vida puede ser placer, disfrute y gozo.

La vida puede que haya que ganársela
y
La vida puede que nos sea dada, que sea un gran regalo que recibimos.

De nosotros depende qué hacemos con ella.
De nosotros depende si queremos arrastrarnos y vivirla de a migajas, o si nos lanzamos de lleno y tomamos completamente lo que es.

Un ser que vive en y desde la escasez cree que el sufrimiento es necesario, que la vida es difícil, que la vida es dura. Le cuesta tomar, le cuesta recibir y, a veces, también le cuesta dar. Vive pensando en lo que le falta. Ve el vaso medio vacío. Mira siempre lo faltante en cada situación. No se arriesga. Se avergüenza de tener "mucho" ([¿qué es mucho?]). Le da miedo que le roben o que le falte. Se cree no merecedor.

Un ser que vive en la abundancia recibe con los brazos abiertos. Cuando le ofrecen, lo toma sin dudar, sin miedo, sin avergonzarse. Simplemente dice sí, me lo merezco, y lo toma. Se adelanta y toma su porción con confianza. Vive disfrutando, viendo lo positivo que hay en las situaciones, o bien la manera de aprender. Ve el vaso medio lleno. Ve oportunidades todo el tiempo. Se arriesga. Vive sin limitarse, más bien deja que las limitaciones las ponga la situación o el contexto. Se dirige hacia sus objetivos sin reservas.